
En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se celebra cada 11 de febrero, la Facultad de Ingeniería de la UNJu destaca la trayectoria de la Dra. María Alejandra Giménez, recientemente promovida a la categoría de Investigadora Independiente del CONICET. Actualmente se desempeña en el Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Tecnologías y Desarrollo Social para el NOA (CIITED, CONICET–UNJu), reconocimiento que consolida años de compromiso con la investigación científica en el campo de los alimentos.
Integrante del grupo GIDANO, la Dra. Giménez se graduó de Licenciada en Tecnología de los Alimentos en el 2005 y luego continuó para recibirse de Doctora en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, formación que realizó íntegramente en la Universidad Nacional de Jujuy. “Todo este recorrido lo hice acá, en la Facultad de Ingeniería. No me tuve que ir de mi provincia, salvo para realizar cursos de especialización”, resaltó con orgullo.
Una vocación que nació en la escuela
Su inclinación por la ciencia no surgió en la infancia, sino durante la escuela secundaria. Asistía a una institución de orientación comercial, donde predominaban materias como matemática y contabilidad. Sin embargo, fue en cuarto año cuando una docente impulsó la creación de clubes de ciencia e invitó a los estudiantes a participar.
“Yo fui sin saber bien de qué se trataba, pero ahí se despertó mi interés por querer saber un poco más, por preguntarme por qué suceden las cosas”, recordó.
En quinto año cursó una materia llamada “Merceología”, donde comenzó a conocer los procesos de elaboración de alimentos, como la cerveza y otros productos industrializados. “Esa materia me encantaba. Ahí creo que nació realmente mi interés por la investigación y por las ciencias”, señaló.
Inicialmente ingresó a la universidad para estudiar Bioquímica gracias al convenio que posee la FI UNJu con la UNT, pero ante la imposibilidad de viajar y la apertura de la carrera de Tecnología de los Alimentos en la Facultad de Ingeniería, decidió continuar allí su formación. Con el tiempo, esa decisión marcaría el rumbo definitivo de su carrera.
Del interés por los pigmentos al doctorado
Al momento de realizar su trabajo final de grado, se acercó al laboratorio con una idea clara: quería investigar sobre pigmentos en carne. “Me interesaba estudiar los pigmentos de la carne. Me decían que ya se sabía todo sobre eso, pero como había mucha transformación y cambios de color, me generaba curiosidad”, explicó. Finalmente, su tema fue otro, pero esa experiencia consolidó su vínculo con la investigación y abrió la puerta a sus primeras becas del CONICET.
Ingresó como becaria en 2006 y realizó su doctorado, que culminó en el 2011. Desde entonces, su carrera científica no se detuvo: atravesó las etapas de becaria doctoral y postdoctoral hasta incorporarse a la Carrera del Investigador Científico.
Ciencia, maternidad y desafíos
Al reflexionar sobre los desafíos en su trayectoria, identifica uno central: la maternidad. “Conciliar ser mamá, llevar adelante la casa y dedicarme a la investigación fue mi mayor desafío. La investigación no termina cuando salís del laboratorio; continúa en reuniones, con becarios, leyendo, escribiendo”, explicó.
Si bien reconoce que la brecha de género ha disminuido, sostiene que aún persiste, especialmente en espacios de liderazgo. “Diversificar las miradas enriquece los resultados. La presencia de más mujeres en ciencia es fundamental”, afirmó.
Investigación con impacto regional
Actualmente, su línea de investigación se centra en la transformación de cereales, leguminosas y granos andinos en alimentos e ingredientes con mayor valor nutritivo y funcional. El objetivo es desarrollar productos que no solo aporten nutrientes, sino también compuestos beneficiosos para la salud.
En la actualidad, el equipo trabaja en el desarrollo de masas con ingredientes no convencionales como quinoa, amaranto, haba y maíces pigmentados. También avanzan en la elaboración de un postre formulado con estos cultivos y en el estudio de proteínas alternativas provenientes de haba y poroto.
Además, recientemente comenzaron una nueva línea vinculada a la extracción de aceites a partir de materias primas no tradicionales, como la semilla de albahaca.
Entre los logros más destacados de su carrera menciona el desarrollo de fideos para celíacos, fruto de su tesis doctoral, que hoy se encuentran comercializados. “Me da orgullo ver ese producto, porque lleva todo el esfuerzo y el tiempo dedicado a entender por qué suceden las cosas”, expresó.
Un nuevo reconocimiento
La promoción a Investigadora Independiente dentro del CONICET implica una evaluación rigurosa de productividad científica, dirección de recursos humanos y liderazgo de proyectos. Es una categoría que forma parte de la Carrera del Investigador Científico y representa un avance significativo en su trayectoria.
“Es un orgullo. Significa que el trabajo sostenido y la constancia valen la pena”, señaló.
En el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, la Dra. Giménez deja un mensaje claro: “La curiosidad es un valor. Hay que animarse a preguntar y a intentar. Y no dejar que nadie limite nuestros sueños”.
Su historia refleja no solo un camino académico sólido, sino también el compromiso con la producción regional, la formación de nuevas generaciones y la construcción de una ciencia más inclusiva y diversa.





