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La formación de Ingenieros

El desafío de construir el futuro

El debate sobre “cómo aprender Ingeniería” atraviesa a las Instituciones de Educación Superior, al Estado que las regula y a la Industria, que necesita a nuestros egresados.

La primera Escuela de Ingeniería se estableció en Francia en 1675, dirigida por Ingenieros Militares. En 1771 se formó en ese país la Sociedad de Ingenieros Civiles, para señalar que su incumbencia no era militar.

Con la Revolución Industrial, entre 1750 y 1840, se diversificaron los procesos de manufactura y se inventaron herramientas. Cada Universidad, Facultad o Escuela de Ingeniería se especializó en temas considerados de interés.

Un ejemplo cercano es el origen de nuestra Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Jujuy. Inició sus actividades el 24 de mayo de 1972 con las Carreras de Ingeniería de Minas, Ingeniería Metalúrgica con orientación Siderurgia e Ingeniería Química, atendiendo de esta manera las necesidades de desarrollo de la Industria provincial de esa época: Mina El Aguilar y Mina Pirquitas, la Acería Integrada Altos Hornos Zapla, varias fundiciones y los Ingenios Azucareros e Industrias Químicas locales, respectivamente.

En la Argentina de la década de 1990 existían más de setenta especialidades diferentes de Ingeniería con criterios de formación propios de cada Institución Educativa en la mayoría de los casos.

Atento a ello, la Ley de Educación Superior Nº 24.521, promulgada en el año 1995, determinó una categoría de Títulos Universitarios correspondientes a las “profesiones reguladas por el Estado”, cuyo ejercicio podría comprometer el interés público. A estas carreras se les requirió una carga horaria mínima, determinada intensidad en la formación práctica y la obligación de ser auditadas periódicamente por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), quedando así las Facultades de Ingeniería sujetas a dar cuenta ante evaluadores externos de su capacidad de enseñar y del cumplimiento de los estándares de calidad académica.

Este hecho generó un nuevo debate sobre el perfil del Ingeniero, llegando a sólidos acuerdos a nivel nacional sobre el currículo: una fuerte formación en Ciencias Básicas, preferentemente común a todas las especialidades y, en los ciclos superiores, la adquisición de los conocimientos en Tecnologías Básicas y Tecnologías Aplicadas.

En este marco, el Consejo Federal de Decanos de Ingeniería de la República Argentina (CONFEDI), constituido desde 1988 y que actualmente integramos alrededor de 120 representantes de todas las Facultades de Ingeniería del país, asumió un rol en el proceso de logro de consensos. Y es sobre estos acuerdos que se fueron modificando los planes de estudio y se definieron los primeros estándares de acreditación para Carreras de Ingeniería de manera formal, colaborativa y armónica que benefició sensiblemente los niveles de calidad de la enseñanza de la Ingeniería en su conjunto.

Superados dos ciclos completos de acreditaciones el CONFEDI planteó a partir de 2014 como objetivo avanzar en cambios más profundos en materia de enseñanza de la Ingeniería: establecer una metodología de aprendizaje centrada en el Estudiante e integrar a la formación de nuestros graduados en competencias sociales, políticas y actitudinales que revisten especial gravitación en el mundo de la Industria actual.

En esa línea y con miras a la definición de un nuevo estándar nacional para el tercer ciclo de acreditación se elabora entre 2016 y 2018 una propuesta que se presentó el 6 de junio de 2018 ante los organismos nacionales competentes fundamentada en los siguientes objetivos: a) Actualizar y consolidar el actual modelo de formación de Ingenieros; b) Consolidar un modelo de aprendizaje centrado en el estudiante; c) Definir un modelo comparable internacionalmente; d) Definir un enfoque basado en competencias y descriptores de conocimiento y e) Asegurar el cumplimiento de las actividades reservadas definidas para cada título.

Estos objetivos están sustentados en el diseño de un currículo equilibrado en competencias y conocimientos académicos, científicos, tecnológicos y de gestión, con formación humanística.

El fin de este proceso de mejora es que los graduados de carreras de Ingeniería adquieran una adecuada formación general, que les permita adquirir los nuevos conocimientos y herramientas derivados del avance de la ciencia y la tecnología. Además, se promueve su interés por completar y actualizar permanentemente su formación a lo largo de la vida laboral, en el marco informal o en el formal a través del postgrado.

Los ingenieros ahora tendrán que desafiar a esta nueva era, utilizando sus habilidades para alcanzar una gestión más eficaz de los recursos, mejorar todos los procesos de producción, aumentar su rentabilidad y, fundamentalmente, modificar la realidad para que nuestra calidad de vida sea cada día mejor.

Lograrlo es nuestro compromiso.

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